miércoles, 15 de junio de 2016

AGASAJO DEL CENTRO DE DAMAS ORUREÑAS

La presidenta del Centro de Damas Orureñas residentes en La Paz, Elsa García de Niño de Guzmán, organizó un té, para agasajar a las socias de la organización que desempeñan el rol de madres.

En la reunión participó un grupo de representantes de instituciones femeninas paceñas, quienes departieron en el grato encuentro femenino.

Como todos los años, la anfitriona también preparó presentes para cada una de las invitadas y pronunció un elocuente discurso de homenaje al ser más sublime.

sábado, 14 de mayo de 2016

Saúl Góngora: “Vuelvo a EEUU despreciado en mi propio país”

Saúl Góngora, orureño que vive en Baltimore, Estados Unidos hace más de 14 años, ha pasado un calvario para que pueda cobrar la Renta Dignidad en Bolivia que por ley le corresponde.

Sin embargo, tuvo que retornar al país del norte después de haber pasado un calvario para cobrar la pensión que se paga a todos los bolivianos mayores de 60 años. Sufrió mala orientación y burocracia en el trámite administrativo en algunas instituciones como la Autoridad de Fiscalización y Control de Pensiones y Seguros (APS), el Servicio de Identificación Personal (SEGIP); el Tribunal Electoral Departamental (TED) y otros.

“Vuelvo a Estados Unidos despreciado en mi propio país. Apenas pude cobrar mi Bono Dignidad de un año y no de los diez como correspondía. No encontré predisposición en ayudarme. Son como máquinas los que atienden, no entienden nada y no colaboran”, cuenta Góngora antes de retornar a Estados Unidos hace un par de semanas.



APS Vivian Balderrama, supervisora de la APS Cochabamba, explicó que al denunciante no le corresponde el pago de la Renta Dignidad con carácter retroactivo de 10 años.

No se puede dar la Renta a personas que viven fuera del país. La ley establece que este bono es solo para quienes residen en Bolivia.

Tampoco pueden dar de los últimos 10 años. “Solo se puede dar de un año como retroactivo”, sentenció.

El orureño estuvo en la Capital folclórica entre dos a tres semanas para cobrar el bono que el Gobierno otorga desde el 2007.

A los 70 años, tuvo que hacer entre cuatro a cinco filas en el SEGIP, otras cuatro en el TED y otra en una de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP).

Góngora se fue de Bolivia a Baltimore en 1999, pero su calvario empezó el 2015 cuando fue al Consulado de Bolivia en dicha ciudad norteamericana a renovar su carnet de identidad. Ahí le dijeron que estaba compartiendo su número de cédula con 15 personas más en diferentes ciudades del país (Oruro, Cochabamba, Tarija y otros).

“Claro que a un comienzo empecé los trámites en Estados Unidos, pero supuse que sería mejor hacerlo en Oruro y por eso vine a Bolivia. Lamentablemente me salió más complicado, pese a que hice todo para regularizar mis documentos, primero, y después intentar cobrar la renta”, acota Góngora.

Una que vez que estuvo en Oruro, presentó documentos y cartas indicando que él era el dueño de ese número e hizo todo un trámite. Finalmente, le dieron una Resolución Administrativa de la Dirección Nacional de Investigaciones de La Paz con su número correcto. “Me dijeron que desde entonces ya no tendría problemas para renovar mi cédula”, dijo.

Pero, el calvario para Saúl no terminó ahí. Se aproximó al SEGIP y observaron que los apellidos de sus papás no coincidían. Le enviaron al TED. Le pidieron un certificado de matrimonio de sus padres. “Gracias a Dios que una funcionaria me certificó la documentación y nuevamente con eso me fui al Servicio de identificación”.

Y otra vez en el SEGIP le dijeron que su número de identidad también lo tenía otra persona de apellido Aguilar, quien había sacado su documento en 1928.

“Pero, tengo una Resolución Administrativa de La Paz, les dije. Eso lo hicieron los policías y ya no tiene validez, me respondieron”, cuenta Góngora.

Le propusieron que si quería resolver el problema rápido le aumentarían dos dígitos a su número de cédula. “Yo no acepté y me dijeron que si no aprobaba tendría que esperar unos seis meses y si aceptaba lo harían inmediatamente. Ante la premura y la necesidad tuve que aceptar. Me sacaron la foto y me dieron el nuevo carnet”, explica.

Después, el orureño se fue al Servicio Nacional del Sistema de Reparto (Senasir) para tramitar su jubilación y ahí le observaron la fecha de la Resolución Administrativa de La Paz.

Finalmente, se fue a la Vitalicia (Entidad Gestora de la Renta Dignidad concluyó el 31 de enero de 2016), de donde la APS era parte. Pidió cobrar por los diez años que le tocaba recibir.

“Solicité que se me pague con carácter retroactivo y me dijeron groseramente que no me iban a pagar de los 10 años, sino solo de uno porque así dice la ley. Al final tuve que aceptar”.

Le dieron una ficha para que vaya a registrarse a la Cooperativa Cristo Rey, para que a través de esa institución financiera le pagasen de un año.

“En Cristo Rey me atendieron muy bien. Una excelente atención. Me registraron y ya estaba listo para cobrar”, sentenció.

Góngora se encuentra ya en Estados Unidos y se fue triste por todo el calvario que pasó en su propia tierra y por no haber logrado cobrar de los diez años la Renta Dignidad.


sábado, 30 de abril de 2016

Casiano Ancalle, un orureño en el film "Experta en Crisis"

Hollywood parece un sueño inalcanzable para cualquier actor, director y cineasta, pero para Casiano Ancalle, orureño nacido en el 22 de mayo de 1948 ha sido una realidad palpable, participando de la película "Experta en Crisis" que se estrenó la gestión pasada.

"Experta en Crisis" (Our brand is crisis, título en inglés) del director David Gordon, producción de George Clooney y protagonizado por Sandra Bullock, refleja la campaña a la Presidencia de Bolivia de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2002, y la intervención del gobierno de Estados Unidos en ella, revela las tácticas y batallas personales de los consejeros de primera clase para quienes nada es sagrado y ganar es lo único que importa.

El film tomó en cuenta a Casiano Ancalle, ingeniero, pastor evangélico, líder político y ex candidato a la presidencia de la república de Bolivia por el partido Arbol en 1993, actualmente radicado en Puerto Rico.

"Un día poco pensado me buscaron los cineastas de Hollywood para realizar el papel de dirigente campesino en la película que protagonizaría Sandra Bullock, papel que no dudaron en cederme por las facciones típicas de campesino boliviano y por la facilidad que demostré al interpretar ese papel, me llevaron a Nueva Orleans donde se montaba la filmación, campamento con un ferrocarril con varios trailers y uno de ellos tenía vestimenta boliviana y específicamente zapatos, pantalones, chompa, sombrero y chalina de campesino boliviano, maquillaje que me hicieron resaltar mis facciones de boliviano", relató Casiano.

El ex político boliviano, relató cómo de sorprendente es el movimiento logístico dentro la empresa cinematográfica en el país del Norte, donde desde la vestimenta, hasta la escenografía tiene esa esencia boliviana.

En la escena que aparece, en medio de decenas de cámaras y micrófonos, es el líder de una manifestación, quienes apedrean a una caravana donde es trasladado un candidato a la presidencia boliviana, para luego discutir acaloradamente, pero con engaños logra pasar.

"La verdad la interpretación del papel no fue difícil, dirigir una manifestación ya lo había hecho en mis temporadas de dirigente con el Comité Cívico de Oruro, en resumen, el papel estaba como confeccionado para mí, una experiencia maravillosa y muy bien retribuida", detalló Ancalle.

El film fue estrenado en octubre de 2015 en casi 2202 salas en una semana, recibió críticas mixtas, tales como: "Las escenas principales se filmaron en Estados Unidos y Puerto Rico. Los actores protagónicos no rodaron en nuestro país", indica un comunicado de la productora Londra Films dirigida por Gerardo Guerra, quien fue el director de producción en Bolivia de "Our brand is crisis"

Sin duda una experiencia del todo gratificante y más cuando un orureño es parte de un film internacional.

"Cuando pienso en Oruro no puedo evitar sentir nostalgia, mi niñez y juventud en nuestra apacible ciudad, he vivido 44 años en Oruro desempeñando la carrera estudiada en la gloriosa Facultad Nacional de Ingeniería, un saludo a las nuevas generaciones de orureños y que Dios los bendiga", concluyó Ancalle.


martes, 26 de abril de 2016

Martha Céspedes Pereira migró a Brasil a sus 20 años en busca de mejor vida y logró consolidarse como gerente en Petrobras.




En 1950, Martha Céspedes Pereira, una orureña de 20 años, tomó una maleta con sus pocas pertenencias y escaso dinero para aventurarse en un viaje hacia Río de Janeiro, Brasil, donde buscaban operadores de computadoras en la reciente creada empresa Petrobras.

“Por razones familiares decidió migrar, su padre había muerto, ella era la hija mayor y debía ayudar a su madre que quedó a cargo de seis hijos”, cuenta Alaín Canedo, sobrino de Céspedes.

Apenas terminado el colegio, la aún adolescente de 18 años había sido parte del equipo de trabajadores de Casa Bernardo en La Paz, la cual trajo las primeras computadoras al país. “Eran máquinas que ocupaban toda una pared y funcionaban a bujías y con tarjetas. Por aquel entonces, operarlas implicaba mucha complejidad”, recuerda el sobrino, quien según dice fue como un hijo para su tía.

Tras dos años de trabajo, la joven se enteró —por medio de una publicación del periódico— de que la recién creada estatal brasileña Petrobras buscaba operadores de computadoras. “Ella tomó una decisión bastante significativa para su tiempo, época y edad. Mi tía siempre fue una mujer muy valerosa y decidió dejar todo y probar suerte en Río de Janeiro. Llegó sola con una maleta a una ciudad tropical, con un idioma distinto y con la esperanza puesta en un papel donde figuraba la información sobre aquel empleo”.

A sus 20, llena de juventud y esperanzas, se presentó al examen para operadora de computadoras que demandaba el gigante brasileño. “Ella contaba que en la fila había como 200 personas para la prueba. Martha se sintió agobiada al ver a tanta gente y pensó que había cometido una locura que le costaría caro porque sus recursos económicos eran muy limitados”. Una semana después del examen, el teléfono de la recepción del modesto hotel donde se alojaba sonó con insistencia. “La llamaron y le dijeron que dio el mejor examen entre todos los candidatos. Pero que también había dos problemas: su situación migratoria y que no hablaba portugués”.

Sin embargo, la buena estrella estaba del lado de la orureña, ya que Petrobras le dio un año de plazo para tener sus papeles en regla y aprender el idioma. “No tenía miedo, lo encaró y lo hizo. Martha fue muy valiente. A medida que pasaba el tiempo fue subiendo de puesto. Primero fue encargada, luego jefa y también directora de informática. A finales de 1980 se había consolidado como gerente de informática de Petrobras en Río de Janeiro. Una mujer inteligente y autodidacta”, narra Alaín Canedo. ‘Para crecer hay que luchar y ser constante’, era la frase recurrente de la experta en computación, quien también tuvo muy buen ojo para los negocios inmobiliarios. “En sus primeros años de inmigrante, mi tía vivía en un alquiler y como era previsora decidió construir su propia casa.

Entonces se compró un terreno y a la hora de la comida se alimentaba tan solo de un sándwich y un refresco y se iba a comprar cemento, ladrillos y a buscar albañiles para levantar su vivienda. Era el único tiempo libre que tenía. Y los fines de semana se quedaba todo el día allí”.

Una vez finalizada la obra, vendía la propiedad y de inmediato compraba otro terreno; fue de esa manera sacrificada que adquirió sus bienes. “Ese esfuerzo y ganas de generar estabilidad tenía un propósito y era el de llevar a su madre y hermanos a vivir a Brasil, objetivo que logró exitosamente, aunque había postergado el amor por esos motivos”.

Klive Canedo era un emenerrista, jefe de juventudes, que fue exiliado en 1964 por el golpe militar del general René Barrientos. “Mi padre era viajero y en uno de esos viajes conoció a Martha y forjó una muy buena amistad. Cuando mi tío Klive fue exiliado, a mi padre se le vino a la cabeza Río de Janeiro y buscó a su amiga para que lo aloje y le dé una mano. Ella lo recibió con gusto, sin pensar que surgiría el amor”.

El tiempo que pasaron juntos en el vecino país hizo que el amor se encienda en sus corazones, aunque la relación no se proyectó en ese momento “porque como él era un político sabían que debía retornar a Bolivia una vez concluida la dictadura de Barrientos”. Sin embargo, la pareja mantuvo contacto. “Se mandaban cartas de amor muy bellas y románticas”. Finalmente, después de tanta correspondencia, que en ese entonces tardaba una eternidad en llegar de un país al otro, Martha y Klive decidieron casarse y formar una familia. “Mi tía se casó a los 40 años”.

El matrimonio nunca tuvo hijos; para ella era muy importante su carrera, además de tener un plan de pareja que no incluía niños y así viajar y conocer la mayor cantidad de países. Durante sus vacaciones llegaron a recorrer más de 100 países. “Primero conoció todo Brasil. Luego toda Sudamérica, Centroamérica, Europa y Asia. Sus países favoritos fueron Tailandia, Singapur, China y Japón. En 2010, compró un pasaje para irse con mi tío a Dubai, a los Emiratos Árabes, pero el viaje se frustró porque murió antes debido a un cáncer. Ella fue un signo de perseverancia y valor. Mi tío la extrañó mucho y a los pocos años también se fue”, recuerda Canedo.

martes, 5 de abril de 2016

"El coloso del Norte" obra prima de Jaime Góngora

En acto emotivo, este lunes por la noche se desarrolló la presentación del primer libro escrito por el orureño Jaime Hernán Góngora Dávila, un relato de las experiencias que le tocaron atravesar, cuando se fue a vivir a los Estados Unidos. "El coloso del Norte" es la obra prima de un inquieto autor, que espera sea el inicio de un incansable trabajo por la literatura.

Jaime Hernán Góngora Dávila, orureño de nacimiento, siempre tuvo la inquietud de plasmar sus experiencias en un libro, pero esto tuvo que esperar bastante tiempo, siendo su jubilación el motivo preciso para iniciar con esta actividad que no piensa dejar, presentando este primer material que como lo describe el autor, es un fragmento importante de su vida.

"El coloso del Norte", relata la incursión de Góngora por el país de los Estados Unidos, donde tuvo que trasladarse después de que en Bolivia se habría suscitado el Golpe de Estado del general Hugo Banzer Suárez, que determinó el cierre de las universidades en Bolivia, y seguro que podría trazar un futuro en tierras extranjeras no dudó en embarcarse a esta Odisea. El comentario del libro fue escrito por Germán Azuga, leído para todos los presentes en el acto, por Jaime Rojas, amigo de Góngora, quien reflejó el sentimiento que embarga a todos sus seres queridos, que festejan el logro de un compañero entrañable en la época del colegio, particularmente de los Sénior ´65 del colegio Anglo Americano.

Al momento de dirigirse al público presente en el Salón Centenario del edificio de la Cámara de Comercio, Jaime Hernán Góngora, sencillo en sus palabras decidió expresar sus emociones a través de la música, interpretando la famosa canción de Frank Sinatra "My way" (a mi manera), que refleja el sentimiento que inunda a este novel escritor, acompañado de su entrañable amigo Raúl Torrico, quien junto a su armónica, amenizaron la velada.

martes, 8 de marzo de 2016

Drama de repatriación de un joven que falleció hace 2 meses en Oruro

La representante de la Defensoría del Pueblo en Oruro, Clotilde Calancha, anunció el lunes la repatriación de los restos de un joven de República Dominicana que falleció hace dos meses en esta ciudad.
"Su embajada no quiso hacerse cargo, el consulado dijo que no tiene los recursos, pero el Defensor del Pueblo de la Republica Dominicana ha manifestado que correrá con los gastos como la cremación del cadáver y otros", informó al comentar que la familia del fallecido no pudo costear el gasto de repatriación.
Calancha añadió que solo resta la autorización de las autoridades del país caribeño para concretar el traslado.
"Estamos a la espera de dicha nota, mientras tanto el cadáver continúa en la morgue", apuntó muy preocupada la representante de la Defensoría del Pueblo.

domingo, 28 de febrero de 2016

Elías Asfura Sabag Un benefactor de los enfermos

Compromiso y entrega. Este 6 de marzo su familia recuerda los ocho años de su sensible fallecimiento. Su mamá, hermanos, esposa e hijos preservan su legado de servicio al prójimo, a través de la Farmacia San Elías.

Como ya es costumbre, en cualquier día y hora de una semana laboral, la fila para la atención en la Farmacia San Elías, ubicada en la esquina de la calles 16 de Julio y Sucre, es bastante larga, a veces más de 20 personas. Ni el calor, frío o lluvia logran hacerlas desertar de su espera.

La mayoría está callada, con la mirada dirigida hacia los empleados y/o los estantes de medicamentos que tiene al frente, tal vez absorta en sus preocupaciones con la receta médica en la mano.

A su turno, cada una es atendida por los dependientes, que tienen una sonrisa en los labios y cordialidad en sus palabras. La atención personalizada es una de las mayores características de la farmacia, porque eso fue lo que aprendieron de Elías Asfura Sabag, hijo mayor de Nuncio y Fanny, los propietarios, quien falleció hace ocho años - el 6 de marzo del 2008-, cuando trataba de preservar su vida y la de su gente durante un asalto a mano armada en la droguería.

Aún, después de tanto, Elías sigue siendo recordado por sus clientes como un hombre generoso, preocupado por los más necesitados. Incluso, su familia continúa enterándose de algunas historias de solidaridad, de las que se enorgullece.

Elías Asfura era un hombre de estatura mediana y contextura delgada. Cuando uno lo veía detrás del mostrador, inmediatamente se lo asociaba con un médico, quizá por lo formal de su vestir, por los lentes que le daban un toque de seriedad o porque siempre estaba supervisando el trabajo de todos.

Por su capacidad de empatía -ponerse en el lugar del otro- y por la experiencia de atender cada día a decenas de personas enfermas, detectaba con facilidad a aquellas que estaban más angustiadas -porque no tenían dinero suficiente- o a las querían alguna información sobre los medicamentos que les habían recetado sus médicos.

“Esperame un ratito”, les decía Elías, luego, atendía al siguiente de la fila. Una vez que acaba retornaba con la otra persona y la escuchaba detenidamente. A veces las ayudaba bajando el costo de sus recetas, no cobrándoles algunos de los medicamentos o regalándoles muestras médicas.

UNA HISTORIA DE VIDA

Nació en 1966 en Oruro, tierra natal de sus padres, quienes lo bautizaron con los nombres de Elías Jorge Antonio, el único en la familia que tenía tres apelativos.

“Se iba a llamar Jorge Antonio porque soy devota de esos santos; pero, en aquel entonces murió mi tío Elías, a quien quería mucho y por eso le puse su nombre”, recuerda su madre Fanny Sabag vda. de Asfura.

Desde que los padres de Elías contrajeron matrimonio se dedicaron a la actividad farmacéutica en Oruro, combinaron su tiempo con su negocio y criando a sus cuatro hijos bajo estrictas normas de honestidad, servicio social y amor, que con el tiempo, se convirtieron en los pilares principales para encarar su vidas.

Después de algunos años de matrimonio y por razones familiares, los Asfura Sabag

se vinieron a radicar a Cochabamba e iniciaron otra etapa familiar. Elías estudió

en el colegio Loyola y, según su mamá, allí profundizó sus valores y principios morales. Egresó con la promoción 1983, a los 17 años.

Su vocación, sumada al ejemplo de sus padres, lo llevó a ingresar a la carrera de Bioquímica y Farmacia en la Universidad Mayor de San Simón. A pocos meses de iniciar sus clases universitarias, el 29 de julio de 1984, inauguró junto a sus padres la Farmacia San Elías. Una empresa familiar que nació con la misión de brindar buena atención y precios asequibles a sus clientes; justo en una época en la cual el país atravesaba por una profunda crisis económica.

“Mi hijo decía que teníamos que ganar, pero también apoyar a los más necesitados. Esa fue y sigue siendo nuestra carta de presentación y un gran orgullo en estos 32 años de atención”, asegura Doña Fanny, como le dicen todos por cariño.

Luego de tres años de cursar la carrera que eligió, Elías tuvo que dejar sus estudios debido a la precaria salud de su padre; no obstante, pronto llegaría otra motivación importante a su vida.

LA ÉPOCA DEL AMOR

En 1990, Elías de 24 años, conoció a Jenny Lee Asfura Jordán, de 16; desde el inicio de su romance comenzaron a planear un proyecto de vida juntos.

Luego de enamorar a distancia tres años, ya que ella vivía en Santa Cruz, Elías y Jenny hicieron realidad su sueño, jurando-se amor eterno en el templo de San Pedro.

A los pocos meses la flamante pareja recibió la noticia de que serían padres, pero la sorpresa fue mayor cuando se enteraron de que no venía uno, sino dos bebés, Cristian y Andrés.

Jenny Lee recuerda a Elías como una hombre metódico, ordenado y buscador de saberes, “se tomaba la tarea de estudiar los prospectos de los medicamentos para aprender, y así prestar un óptimo servicio a las personas”.

En su hogar, era “un excelente esposo y padre. Muy entregado al estudio de la Biblia y siempre listo para brindar una palabra de aliento”, recuerda.

A los 10 años de matrimonio, la pareja recibió a su tercera hija, Nataly, la niña mima-da por todos. Finalmente, la familia Asfura Asfura completó su hogar con la llegada de Santiago.

Los tres hijos varones tienen como segundo nombre Elías, según Jenny Lee, por el intenso respeto y admiración que sentía por su esposo. La niña fue bautizada como Nataly Eliane.

El 26 de junio de 2008, el año de su asesinato, la pareja iba a cumplir 15 años de matrimonio. “Teníamos pensado renovar nuestros votos matrimoniales cuando sucedió esa desgracia; a partir de entonces, todo cambió en mi vida”, afirma con la tristeza reflejada en su mirada.

AUSENCIA Y LEGADO

La noticia de su muerte conmocionó a la sociedad cochabambina, era difícil creer que la vida de un hombre respetado por muchas personas por su buen corazón fuera truncada en un asalto armado.

El velorio y entierro estuvieron colmados de muchísimas personas que fueron a darle el último adiós.

Después de su muerte, la esposa y los hijos comenzaron a recibir cartas extensas de agradecimiento, donde los remitentes narraban cómo Elías había formado parte de sus vidas con un acto de solidaridad.

Actualmente, la familia continúa con su legado en la farmacia San Elías.